Mi confesión con el hombre que me desordenó
Lo vi en la playa, brindamos de noche y, cuando cerré la puerta del hotel, supe que iba a terminar de rodillas chupándosela sin freno.
Lo vi en la playa, brindamos de noche y, cuando cerré la puerta del hotel, supe que iba a terminar de rodillas chupándosela sin freno.
Fui a enfrentar a la amante de mi ex y terminé mirando su cuerpo demasiado tiempo, imaginando todo lo que no debía desear.
Pensé que iba a compartirla con un hombre una sola noche, pero cuando abrió la puerta y vi a la otra mujer, ya era demasiado tarde para echarme atrás.
Los oí follar en nuestra cama hasta el amanecer, pero lo peor no fue escucharla gemir con él: fue descubrir lo que yo también quería.
Entró cuando todavía me dolían los golpes, se sentó sobre mis piernas y me dejó claro que no había ido a felicitarme.
Salí ardiendo de la camilla, plantada por la app y con tanta calentura encima que acabé llamando a quien menos debía.
Después de dos años sin tocarla, la tuve a mi lado en el avión, temblando, pidiéndome perdón y mirándome como si todavía fuera su hombre.
Pensé que solo estábamos jugando bajo la mesa, hasta que me besó con la boca llena de la corrida de otro hombre.
Me escribió meses después de mi ruptura, habló de mi polla sin rodeos y esa misma noche acabó arrodillada delante de mí con una propuesta indecente.
Cuando abrió la puerta y vio a su ex en el porche, supe que otra vez iba a perderla delante de mis ojos.