La vecina me usó para espiar a una milf casada
Todo empezó frente a una ventana encendida, pero cuando la oí jadear a mi lado entendí que no solo quería mirar.
Todo empezó frente a una ventana encendida, pero cuando la oí jadear a mi lado entendí que no solo quería mirar.
Cuando llamó a nuestra puerta para cenar, mi mujer ya sabía lo que quería: verla abierta de piernas en nuestro sofá antes de medianoche.
Cuando vi sus bragas húmedas sobre la toalla, entendí que ya no era un accidente: ella sabía exactamente lo que yo hacía cuando se iba.
La seguí por instinto, lo vi apretar el paso con la chica y supe que no iba a dejarlo salir entero de aquel callejón.
Llegó con su bolso, una excusa torpe y una mirada demasiado fija en mi escote; cuando sacó aquel juguete, supe que no venía solo a estudiar.
Llevaba meses mirándola por la ventana, pero el día que llamó a mi puerta entendí que ella también llevaba tiempo esperándome.