El castigo que la justiciera guardaba para los abusivos
Cuando escuchó el grito en el aula vacía, supo que volvía a tocarle trabajo: antifaz puesto, botas ajustadas y una lección que ese cerdo no olvidaría jamás.
Cuando escuchó el grito en el aula vacía, supo que volvía a tocarle trabajo: antifaz puesto, botas ajustadas y una lección que ese cerdo no olvidaría jamás.
Llevaba todo el verano metiendo mano donde no debía. Esa tarde, junto a la piscina, descubrió que alguien lo había estado observando y que su suerte se había acabado.
Tenía claro que no le haría nada a ese chico de mirada rota. Pero entonces encontró los vídeos que guardaba en mi disco duro, y todo lo que pasó después lo decidió él.
Le habían hablado de un negocio con un catálogo enorme, donde podías elegir a la persona exacta que querías poseer. Adriano cruzó la puerta sin un solo nervio.
«Esta noche cumplís tu promesa», decía el mensaje. Bajé duchado y temblando, sabiendo que entre Brisa y Mateo iban a llevarme más allá de cualquier límite que hubiera imaginado.
Siempre creí que conocía a mi hermano. Hasta la noche en que entré a su cuarto, vi lo que ocultaba en la pantalla y entendí que nada volvería a ser igual entre nosotros.
El arcón negro espera en el centro del salón como un ataúd de plástico. Cuando la cremallera de la máscara sube por su nuca, Tomás deja de ser un hombre y empieza a ser una cosa.
Tú querías jugar a mandar y a obedecer. Lo que no calculaste fue que, cuando me soltaras las esposas, yo ya no iba a ser el mismo hombre que habías atado.
Volvió a casa con el pelo teñido y una sonrisa enorme. No imaginó que esa pequeña rebelión le costaría la noche más larga de su vida.
Dos amigas salen del trabajo, se cambian de ropa y se pierden en la noche. Esta vez la presa es un chico borracho a la salida de la discoteca, y la cala desierta lo verá todo.
El cartel decía que abría cuando el resto del mundo dormía. Empujó la puerta sin imaginar que, del otro lado, una desconocida ya había decidido cómo terminaría su madrugada.
La vi salir del mar y supe que esa noche tenía que ser mía. Lo que no imaginé fue terminar yo de rodillas, obedeciendo cada orden de una desconocida.
Llevaba toda la noche fantaseando con ella. Cuando sonó el timbre a la mañana siguiente, ya tenía cada paso del plan grabado en la cabeza.
Me ataron desnuda sobre una mesa y me retaron a una prueba de tiro imposible. No sabía que mi salvación llegaría de la mano de la cazadora más fría del campamento.
Cuando bajé a la biblioteca esa tarde no sabía que mi madrastra y su imponente socia ya habían decidido qué clase de hombre iban a hacer de mí.
Bajó las escaleras convencida de que nadie sabía nada. El hombre del playón la esperaba con una sonrisa torcida y una foto que lo cambiaba todo.
Bianca montaba en bici conmigo cada sábado y me provocaba en cada parada. Lo que ninguno confesó es que mi mujer ya conocía el juego desde el principio.
El día que bajaron el cajón de Rubén a la tierra, Mariela ya sabía que esa noche buscaría a Damián en el cuarto del fondo, y que nadie en la casa la juzgaría por ello.
Se quedó en el ala ejecutiva porque sabía que ella seguiría allí, repasando cifras. Lo que vino después no figuraba en ningún informe de la empresa.
Llevaba años practicando una expresión que no revelaba nada. Pero esa tarde, en el vestíbulo del hotel, sus ojos delataron lo único que no debía sentir por ella.