La amiga del grupo entró en mi habitación esa noche
Volví al cuarto envuelta en la toalla. Cuando escuché que alguien empujaba la puerta, no me imaginé quién iba a ser ni cómo iba a terminar la noche.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
Volví al cuarto envuelta en la toalla. Cuando escuché que alguien empujaba la puerta, no me imaginé quién iba a ser ni cómo iba a terminar la noche.
La luna iluminaba la arena cuando solté lo que llevaba años callando. Pensé que se asustaría; lo que no esperaba era oírlo confesar la suya en el mismo aliento.
No hubo túnel de luz ni ángeles con arpas. Hubo una suite de mármol negro, una desconocida desnuda y un hombre de traje que nos explicó las reglas del más allá.
Me bañé con agua fría tres veces y todavía sigo mojada. Estoy escribiendo esto desnuda en la cama, con la mano libre que no usa el teclado.
Esa noche en la urbanización todo cambió. Vi a mi madre con otros ojos, y ella nunca supo que yo había sido el primero en darme cuenta de que ya no era la misma.
Cuando vi el mensaje en la bandeja no sabía que aceptarlo me llevaría a una tarde con dos desconocidos en el parque y a la noche más intensa de mi vida.
Sentí a mi melliza moverse en la ducha. Cuando entré al baño, vi su bombacha tirada en el piso, y todo se complicó esa misma mañana.
Pensaron que querría joyas o un viaje. Cuando me preguntaron qué deseaba en realidad, no quedó más remedio que decirles lo único que jamás había pronunciado.
Cuando el sol empezó a hundirse, ella me pidió que me apartara y mirase. Y entonces se quitó la parte de arriba del biquini frente a sus dos amigas.
Cuando me agaché a recoger el libro, mi hermanastra me bajó los shorts. Las tres se quedaron mirando en silencio y supe que algo ya no podría volver atrás.
Esa noche en la feria del barrio descubrí algo que no debía sentir por la hermana pequeña de mi novia, y la imagen de su sonrisa bajo las luces no me dejó dormir nunca más igual.
Lo deseaba desde mis primeros amantes y nunca me atreví a decírselo. Aquella tarde, frente a su cámara, descubrí que mi hermano también llevaba años aguantando lo mismo.
Mientras se ahogaba entre whiskies, me confesó su fantasía más oscura. No supo lo que pedía hasta que llegué a casa con la prueba grabada.
Marcos casi se atragantó cuando le conté lo que había hecho. Lo que vino después superó cualquier fantasía que hubiéramos imaginado en seis años juntos.
Tenía los brazos que uno nota aunque intente no hacerlo. Me dijo adiós en treinta segundos y volvió arriba. Yo no pude dejar de pensar en él.
Llegamos con condones, lubricante y ganas de todo. La orgía prometida nunca ocurrió, pero lo que Marcos me hizo delante de los desconocidos fue mejor.
La toalla resbaló mientras me ponía crema. Sentí que alguien podría estar mirando desde las sombras del edificio de enfrente. No busqué las cortinas.
Andrés pensó que estaba solo en las duchas del polideportivo. Cuando levantó los ojos y vio a la entrenadora mirándolo desde la puerta, ya era demasiado tarde para parar.
No necesitaba tocarlo para controlarlo. Solo tenía que elegir las palabras correctas y observar cómo se deshacía frente a mí.
Lo tenía borracho en mis manos. Meses de fantasías con mi compañero de cuarto, y ahora solo nos separaba la tela húmeda de su ropa interior.