Atrapada por la criatura en las ruinas oscuras
La criatura no te caza. Solo te observa correr y espera que te quedes sin fuerzas. Sabe desde el principio cómo termina esto.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
La criatura no te caza. Solo te observa correr y espera que te quedes sin fuerzas. Sabe desde el principio cómo termina esto.
Rodrigo abrió la puerta y encontró a su vecina en el pasillo, los ojos llorosos, el vestido tenso. Lo que le pidió minutos después no tenía nombre.
Entró en la cueva pensando en la guerra. La adivina lo esperaba con el rostro de su reina, la túnica apenas cubriendo su cuerpo, y una promesa en los ojos que no era solo una visión.
Lo vi sentado en el banco y supe que era él. El hombre del plug con el corazón. Decidí darle lo que nunca había pedido: un espectáculo solo para sus ojos.
Un video de unos segundos fue suficiente para que me temblaran las rodillas. Desde entonces, ensayo cada detalle en mi mente: la habitación, él, y lo que viene después.
Cuando el trono pasó frente a mí, nuestras miradas se cruzaron un segundo. Fue suficiente para que esa noche acabara de una manera que jamás hubiera imaginado.
Mientras mi marido dormía, yo tenía la mente encendida. En el hockey, en las fiestas familiares, en la cocina a solas: mis fantasías no me daban tregua.
Entró al cuarto de estudio con una mirada que no admitía preguntas. Me ordenó que me desnudara. Tenía reunión en veinte minutos y yo iba a ser su entretenimiento.
Cuando entré a la sala y vi que había 198 personas desnudas esperando mi señal, entendí que había cruzado un límite del que no quería volver.
Fui al gimnasio sin sujetador y el entrenador lo notó enseguida. Lo que vino después fue el trío más intenso que he tenido, aunque no fue real.
Tres meses sola en Singapur por trabajo, un sábado libre y un masajista que no preguntó demasiado. Así empezó la tarde que no había planeado vivir.
Nunca imaginaron que esa tarde en la camilla los cambiaría. Era solo un masaje entre amigos. Hasta que las manos de uno acabaron donde nunca habían estado.
Marcos lo tenía todo preparado. A mí solo me dijo que me pusiera el vestido gris y llegara puntual a la sala de exposiciones.
Treinta y un puntos. La voz de ELARA ya lo esperaba: «Despierta, cielo. Hoy tampoco serás el hombre que llevas años creyendo ser».
Tumbada en la cama del hotel con la venda puesta, escuchas cómo alguien entra en la habitación. No sabes si es hombre o mujer. Solo sabes que os mirabais en la app hace una hora.
Subo a propósito la falda un dedo más cada mañana, esperando que alguna mujer mayor me mire con esa mezcla de censura y deseo que aparece en todas mis fantasías.
Subí al avión con el rabo duro, igual que cada día desde que tengo memoria. Lo que no imaginaba era que aquella sacerdotisa me cambiaría la vida en una sola noche.
El cliente invocó al señor de las tinieblas pidiendo riquezas y placer. La segunda sombra que llamé reveló un deseo que él jamás se había atrevido a nombrar.
Pensé que solo era curiosidad. Hasta que vi su foto, sentí cómo se me aceleraba el pulso, y entendí que llevaba tres años evitando lo que ya había decidido.
Recuerdo cada nombre, cada habitación y cada beso. Pero ella me mira como si me hubiese inventado a todas las personas con las que pasé la noche.