Las setas que terminaron con mi suegra en mi cama
Bajé las setas de un trago sin saber que esa noche dejaría de mirar a la madre de mi novia como a mi suegra para empezar a verla de una forma muy distinta.
Relatos de encuentros grupales y placeres compartidos
Bajé las setas de un trago sin saber que esa noche dejaría de mirar a la madre de mi novia como a mi suegra para empezar a verla de una forma muy distinta.
Despachó a la chica que se ofreció a ayudarlo sin mirarla dos veces. Una hora después descubrió que era ella quien decidía si su carrera seguía viva o no.
Cuando sonó el timbre, Babacar le ordenó abrir la puerta vestido solo con aquella tanga ridícula. El amigo entró sonriendo, y Tomás supo que esa noche no se pertenecía.
Cuando empujé la puerta, esperaba encontrarlo a él solo, como siempre. En su lugar, había otro tipo desnudo en el sillón, cerveza en mano y una sonrisa de bienvenida.
Mi madre quería tranquilidad; yo solo quería que algo pasara. Y aquella tarde, entre las rocas, cuatro miradas se clavaron en mí y supe que el verano no iba a ser tranquilo.
Cuando mi tía Mercedes se ofreció a ayudarme a vestirme antes de la ceremonia, no imaginé que terminaría desnuda en la cama de invitados a media mañana.
Me había puesto la pollerita corta porque él me lo pidió por mensaje. Ninguno imaginaba que esa noche íbamos a terminar siendo cuatro en aquel sillón.
Cuatro hombres, un sobre grueso sobre la mesa y yo decidiendo a cuál llamaba primero. Mi regla siempre fue la misma: yo elijo, yo marco el ritmo y yo me voy cuando se me da la gana.
Bajé la ventanilla y le hablé aún de espaldas. Cuando se volvió, entendí que esa rubia de pecas iba a cambiarme el fin de semana entero.
Su novio nos miró sonriendo y dijo que el amor no era exclusivo. Esa misma tarde Marisol subió con nosotros a la habitación del hotel.
Cuando mi tía anunció que Yasmín cenaría con nosotros, no entendí esa sonrisa de suficiencia. A medianoche supe que ella siempre había sido parte del plan.
Aparqué frente a la casa con las manos sudando. Era mi primera sesión con cliente desnudo y aún no sabía que terminaría con dos hombres encima.
Acepté la propuesta sin pensar en lo lejos que podía llegar. Cuando me vi desnuda frente a dos viejos amigos, supe que ya no iba a poder pararla.
Salí de la ducha envuelto en una toalla, sabiendo que mi padre estaba solo. Esa noche quería ver hasta dónde se atrevía sin alcohol de por medio.
Cuando le aparté las bragas para curarle la herida, pensé que iba a protestar. Pero solo apretó la cara contra la almohada y abrió un poco más las piernas.
Le dije que solo íbamos a cenar fuera y cambiar de aires. No le conté que llevaba semanas preparando lo que pasaría esa noche en la habitación del hotel.
La litera de arriba estaba vacía cuando me acosté. A las nueve subió él, con la mochila al hombro y una mirada que no necesitó palabras.
Llegué pensando que tomaríamos cerveza y celebraríamos su ascenso. Carla abrió la puerta con una falda diminuta y la blusa transparente. Damián aún no había llegado.
Bajé en pijama a abrirle la puerta porque dijo que había perdido las llaves. Lo que no sabía era que mi marido nos miraba desde el sofá del salón.
Cuando Carla se levantó del sofá, vino hasta mí y me besó, supe que la sesión de pareja iba a acabar con su marido sentado en la butaca aprendiendo a esperar.