Mi ex trans volvió tras cuatro meses de silencio
Creí haberla superado, hasta que descubrí que la amiga con la que coqueteaba en el bar conocía demasiado bien a la mujer que me había abandonado.
Creí haberla superado, hasta que descubrí que la amiga con la que coqueteaba en el bar conocía demasiado bien a la mujer que me había abandonado.
«Qué linda colita», dijo a mi espalda. No me di vuelta enseguida. Esa voz no podía ser la suya, no después de cuatro años de silencio.
Manejaba de noche transformada en otra mujer y nadie lo sabía. Bastó un descuido en una parada para que él descubriera quién era yo en realidad.
Encendí solo las velas rojas, me ajusté el babydoll y esperé. Cuando sonó el timbre supe que esa madrugada iba a recordar quién era yo de verdad.
Daniela había desaparecido sin dejarme un número. Yo seguía contando los días cuando la vi en la cafetería, sonriéndole a él como nunca me sonrió a mí.
Tres horas antes le había mordido el cuello bajo el agua tibia. Ahora otro le tomaba el brazo como si fuera suya, y ella no se apartaba.
Cuando abrí la puerta y la vi ahí, descalza y con el rímel corrido, supe que no había venido a hablar. Venía a recuperar lo que había dejado abandonado.
En la pista la había enfrentado sin piedad; en los vestidores, con la medalla aún tibia sobre el pecho, solo quería volver a sentir sus brazos alrededor.
En la curva donde los árboles formaban un túnel de luz, estiré la mano y la posé sobre la suya. No hubo palabras: no hacían falta para decir que sí, que quería intentarlo.
Contó hasta diez antes de empujar la puerta del baño. El vapor lo cubría todo y, por primera vez, decidió no huir de lo que sentía por ella.
Cruzó el umbral con esa mezcla de orgullo y rendición que tan bien conozco. Sabía que iba a venir, como cada vez que jura que ya no.