La dominante que terminó siendo la mercancía
Dos cuerpos rotos y agradecidos, dos collares de cuero negro. Nadia creía que era la cazadora. Hasta que el comprador abrió el maletín.
Dos cuerpos rotos y agradecidos, dos collares de cuero negro. Nadia creía que era la cazadora. Hasta que el comprador abrió el maletín.
Pensé que el simulacro de incendio duraría minutos. Dos horas después, en un aula sin señal y sin testigos, entendí que no había ningún simulacro.
Dejé a mi Cachorro en casa con la jaula puesta y conduje hasta La Guarida. La liquidación anual prometía exactamente lo que necesitaba.
El vestido rojo, la maleta en la puerta y la mirada de una mujer que ya había decidido. Natalia le dijo que volvería el domingo. Si él quería.
Llevaba meses sin que nadie me tocara. Esa noche encendí el coche sin rumbo, pero mi cuerpo ya sabía exactamente adónde iba.
Valeria entró al baño con su mochila y salió con una americana blanca y la sonrisa que jamás perdía. Lo que vino después tampoco lo olvidé.
Ella lo miró de arriba abajo y le dijo: «Caminas como si pidieras permiso para existir.» Tenía razón. Y era precisamente lo que ella quería de él.
Cuando abrí los ojos, mis muñecas estaban sujetas sobre mi cabeza y yo no tenía ni una prenda. El problema no era eso. El problema era que él sonreía.
A las 4:23 de la mañana recibí una llamada. Me dijeron que mi solicitud había sido aprobada. No recordaba haber solicitado nada. Pero me vestí antes de terminar de pensar.
Valeria me mandó una foto en lencería antes de que él llegara. Solo quiero avisarte, escribió. Yo me quedé mirando su puerta desde la ventana.
Llevaba tres años siendo la novia perfecta de Andrés. Esa noche de viernes, con el móvil vibrando en el baño de la discoteca, supo que no iba a serlo por mucho más tiempo.
Me cambié en el baño del café y crucé la puerta sabiendo que al otro lado ya no era la esposa de nadie. Era otra cosa.
Cuando el contrabandista nos dijo el precio, todos nos miramos. No eran joyas ni dinero. Éramos nosotros, nuestros cuerpos, doce horas al día frente a sus cámaras.