Grabé el trío lésbico de mi mejor amiga
Jamás pensé que estar detrás de la cámara viendo a mi mejor amiga con otras dos mujeres iba a ser tan difícil de olvidar.
Jamás pensé que estar detrás de la cámara viendo a mi mejor amiga con otras dos mujeres iba a ser tan difícil de olvidar.
Cuando se agachó a buscar en el cajón del fondo, su pantalón viejo se rajó. Yo no llevaba ropa interior. El pasillo estaba desierto.
Creía que la casa de al lado llevaba meses vacía. Cuando la luz del estudio se encendió una noche, descubrí que llevaba semanas siendo el espectáculo de alguien.
Llevaba días con esa fantasía dando vueltas en la cabeza. Cuando Héctor apareció en la cancha vacía, supe que la noche iba a terminar de otra manera.
Tenía más de setenta años y todavía levantaba pasiones. Cuando el chico del piso de enfrente llegó a pedirle azúcar, ninguno de los dos imaginó lo que vendría después.
Cuando Rodrigo llegó con «él», tardé varios minutos en entender que ese cuerpo perfecto y esas caderas pertenecían a un hombre. Esa noche todo cambió.
Pasé la noche sin dormir, con el teléfono en la mano, esperando que llamara. Había apostado todo con esa carta y no sabía si lo había perdido todo.
Lo cité frente a la clínica como si fuera a una charla tranquila. No le dije que no iría sola ni que desde el segundo piso se veía perfectamente la acera.
Nunca imaginé que Mamá Noel me llamaría a su habitación esa noche. Lo que ocurrió entre nosotras dos superó todos mis sueños eróticos juntos.
Una apuesta, alcohol y años de amistad. Esa noche, Adrián y Marcos descubrieron que algunos límites no están donde uno cree.
La mazmorra del Ama Vera no tenía secretos para mí, pero esa noche llegó Elena, y todo cambió cuando Vera nos ató juntos cara a cara.
Llevábamos semanas de miradas y roces en el gimnasio cuando Bruno me invitó a cenar. No esperaba lo que me iba a pedir sentado frente a mí, con Nadia esperando en el cuarto.
Valeria y yo llevábamos días dando rodeos hasta que, solas junto a la piscina, empecé a contarle todo: lo del permiso de Marcos, lo de los clientes, lo de la playa.
Entró al confesionario a hablar de sus sueños. Cuando salió de la sacristía, ya no era la misma. Tenía dieciocho años y acababa de descubrir lo que su cuerpo llevaba meses pidiéndole.
Fui a llevarle un encargo a mi suegra y terminé con las manos en algo que no era el tobillo. No puedo arrepentirme de nada.
Marcos llegó puntual con su traje oscuro, oliendo a colonia cara. Cuando cerré la puerta del departamento, supe que los dos estábamos a punto de cruzar una línea.
Cuando la vi tumbada al sol en el jardín, sin la parte de arriba del bikini, entendí que ese verano iba a ser diferente a todo lo que había vivido.
El profesor frenó bajo los árboles y metió la mano bajo mi falda. Era la primera vez que alguien me tocaba así, y no quise que parara.
Llevaba la lencería más atrevida y ganas de que alguien me notara. Cuando él apareció entre los jardines y me vio cruzada de piernas, supe que la semana iba a ser distinta.
Tenía veintiún años y nunca había estado con una mujer trans. Valentina cambió eso en una sola noche con su cuerpo, su calma y su manera de guiarme sin juzgarme.