Me vestí de travesti y el guardia me encontró
Llevaba meses preparando ese día: la peluca, el vestido, el lubricante. Creía estar sola en el mirador abandonado. El guardia tenía otra opinión.
Llevaba meses preparando ese día: la peluca, el vestido, el lubricante. Creía estar sola en el mirador abandonado. El guardia tenía otra opinión.
Cuando abrí los ojos, Amparo estaba en el marco de la puerta con un cigarrillo encendido y una sonrisa que no era de enfado. Yo llevaba puestas sus bragas.
La conocí en un trabajo grupal del primer año y desde el principio hubo algo diferente. Lo que Camila guardaba en secreto sobre sus deseos me dejó sin palabras.
Me pidió fuego y cuando le acerqué el mechero sus ojos me deslumbraron. Cinco minutos después íbamos camino a su piso y yo todavía no entendía en qué me había metido.
Llevaba años callándome esa curiosidad. Cuando estábamos en la oscuridad y él estaba a un metro, sentí que si no lo pedía entonces, nunca lo iba a pedir.
Habían forcejeado para sacarme un secreto. Lo que no sabía era que ellas guardaban algo mucho más grande, y que esa tarde iba a cambiar nuestra familia para siempre.
Sabía perfectamente lo que iba a pasar cuando entré en ese cuarto con él. Lo sabía y aun así cerré la puerta. Mi marido estaba lejos y yo tenía demasiado tequila en las venas.
La llave giró en la cerradura en el peor momento posible. O en el mejor. Papá ni siquiera paró cuando mi tío apareció en el umbral y nos vio.
Cuando volví a casa, ella tenía los labios húmedos y una sonrisa que no encajaba. Lo que me contó después me dejó sin palabras... y completamente excitado.
Llevábamos meses juntos frente a la pantalla, cada uno en su lado. La tarde que Marcos extendió la mano hacia mí cambió todo entre nosotros para siempre.
Llevaba una semana al límite. Esa noche de sábado me puse el vestido más corto que tenía, entré sola a la discoteca y dejé que el deseo me llevara hasta el final.
Cuando escuché abrirse la puerta supe que era mi hijo. Ya era tarde para detener lo que estaba pasando, y tampoco quise hacerlo.
Abrí la carpeta por error. Lo que encontré dentro me dejó paralizado frente a la pantalla: Elena, dos hombres y una escena que no debería haber visto.
Rodrigo abrió la puerta y encontró a su vecina en el pasillo, los ojos llorosos, el vestido tenso. Lo que le pidió minutos después no tenía nombre.
Lo había visto en la playa, en una tienda, entre pinos. Tres veces sin atreverme. La cuarta vez estaba en la cocina de su hermano, con una camiseta sin mangas.
Cuando Astrid apareció en la terraza, envuelta en blanco y con los ojos llenos de dudas, todas supimos que esa noche no iba a ser como cualquier otra.
Para el mundo éramos dos amigos en el bar. Solo yo sabía que llevaba un colaless negro debajo del jogger, y que él lo sabía también.
Llevaba años viendo cómo lo hacían en pantalla. La primera vez que toqué a una chica de verdad entendí que ningún video te prepara para esa sensación.
Claudia la miraba de esa manera que Sofía ya no podía seguir fingiendo no entender. Esa tarde ninguna de las dos iba a apartar la vista.
Llevábamos horas estudiando cuando el frío se hizo insoportable. Sofía me invitó a su cama para calentarnos. Ninguna esperaba lo que vino después.