El espejo me devuelve a una desconocida
El viernes salí del trabajo, me afeité, me perfumé y me puse el liguero bajo el chándal. Conduje hasta el quinto pino para que un extraño me tratara como lo que soy.
El viernes salí del trabajo, me afeité, me perfumé y me puse el liguero bajo el chándal. Conduje hasta el quinto pino para que un extraño me tratara como lo que soy.
Cuando su prima volvió borracha esa noche y empezó a contarme detalles, entendí que la historia que mi esposa me había dado era apenas la mitad de la verdad.
Bajé las persianas, me tumbé boca abajo en el colchón y cerré los ojos para una siesta corta. Cuando oí la puerta abrirse, fingí seguir dormido sin abrirlos.
Marcos me dejó pasar primero, como un caballero con la sonrisa torcida. Dentro, sobre unos maderos, dos desconocidos me miraban con la mano ya en la cremallera.
Gérard me retó a cruzar media ciudad en metro vestida de mujer, de su mano y sin esconderme. No imaginé quién me estaría esperando al final de la noche.
Llevaba dos años con Rodrigo y se decía a sí misma que era solo una copa con un compañero. Cuando entró al departamento de Lautaro, supo que ya no había vuelta atrás.