La noche en el coche que nos abrió el voyeurismo
Ella me chupaba en el asiento trasero cuando oí su voz junto a la ventanilla; en vez de apartarse, siguió más caliente que antes.
Ella me chupaba en el asiento trasero cuando oí su voz junto a la ventanilla; en vez de apartarse, siguió más caliente que antes.
Todo empezó como una broma entre amigos, hasta que ella me buscó en la arena, me apretó entre sus manos y dejó claro que no había ido a hablar.
Mi vestido era demasiado corto, él no apartaba los ojos de mis piernas y, antes de medianoche, yo ya sabía cómo terminaría esa fiesta.
En la galería fingía tenerlo todo bajo control, hasta que un desconocido me ordenó soltar la copa y obedecer.
Apenas cerré la puerta de casa, él ya me estaba dando la vuelta, vendándome los ojos y ordenándome obedecer sin hacer una sola pregunta.
Cuando vi al corredor detenerse frente a la puerta abierta, supe que no íbamos a parar; ella ya estaba demasiado caliente para fingir pudor.
Después de aquella primera mamada en el coche, supe que con él no iba a conocer un romance tranquilo, sino una obsesión cada vez más caliente.