Dos hombres en un día y ningún arrepentimiento
Llegué a la base buscando a un hombre y salí con otro. Lo mejor es que Damián llegó después y tampoco me negué.
Llegué a la base buscando a un hombre y salí con otro. Lo mejor es que Damián llegó después y tampoco me negué.
El uniforme de porrista, cinco jugadores y demasiada cerveza. Esa noche perdí algo que creía importante y descubrí que no lo era tanto.
Lo que empezó como mensajes inocentes en redes terminó con él alzándome en brazos hacia una habitación de motel a las dos de la mañana.
A once mil metros de altura, controlaba sus cuerpos desde mi asiento. Lo que les esperaba en Río era apenas el preludio del sometimiento real.
Necesitaba pañales para mi hija y no tenía ni un peso. Cuando el americano me ofreció dinero, me dije que sería una sola vez. No sabía lo que vendría.
Cuando acabé de contarle lo de Malik, Vero se mordió el labio y me dijo que le daba envidia. Para esa madrugada ya tenía un plan.
Cuando lo vi subirse al autobús aquella mañana, aparté la vista enseguida. Pero esa semana aprendí que hay miradas que no se olvidan.
Estaba a punto de cerrar la app cuando llegó el tap. Trescientos metros. Cerca. Demasiado cerca para ignorarlo un domingo sin planes.
Siempre supe que quería rendirme por completo ante alguien. Lo que no sabía era que ese alguien sería un desconocido enorme que me había golpeado por error.
Era sábado, iba al despacho, y entonces entró ella. Vestida para matar, con una sonrisa que lo sabía todo. No me podía quedar sin intentarlo.
Quería tenerla desnuda bajo el sol, lejos de todo. Pero un pescador apareció entre las rocas y ninguno de los dos hizo nada por detenerlo.
Cuando saqué su teléfono y vi mi propia imagen en la pantalla, entendí que no tenía escapatoria. O eso me dije a mí misma.
La toalla resbaló mientras me ponía crema. Sentí que alguien podría estar mirando desde las sombras del edificio de enfrente. No busqué las cortinas.
Llegamos con condones, lubricante y ganas de todo. La orgía prometida nunca ocurrió, pero lo que Marcos me hizo delante de los desconocidos fue mejor.
Lucía subió con cuatro mujeres y cerró la puerta. Yo me quedé en la barra con sus hombres. Nadie imaginó lo que iba a pasar en esa cabina.
Marcos la controlaba desde su mesa, un dedo sobre la app y los ojos fijos en ella. Cada vez que pulsaba el botón, Clara tenía que morderse el labio para no gemir.
Llevaba semanas hablando con Rodrigo antes de atreverme. Cuando por fin entré a su taller y cerró la puerta con llave, supe que no había vuelta atrás.
Llevaba medias de red y una faldita negra. Me quedé a dos metros haciéndome el desconocido mientras él la devoraba con los ojos desde el suelo.
Fui sola a esa fiesta pensando en bailar un rato y olvidar. No esperaba que Diego ni lo que vino después cambiaran mi noche por completo.
Llevaba cuatro días con mala suerte hasta que entró en un bar junto al mar y la vio sentada sola, con esas curvas que decían más de lo que ella sabía.