Mi enemiga me enseñó a disparar y a desearla
Me ataron desnuda sobre una mesa y me retaron a una prueba de tiro imposible. No sabía que mi salvación llegaría de la mano de la cazadora más fría del campamento.
Me ataron desnuda sobre una mesa y me retaron a una prueba de tiro imposible. No sabía que mi salvación llegaría de la mano de la cazadora más fría del campamento.
Sabía que iban a hacerme lo mismo que a ellos. Lo que no sabían era que mi rendición era la última pieza que el ritual necesitaba para despertar.
Lo toqué solo un instante y la suavidad del encaje despertó algo dormido. Esa noche soñé que me lo ponía, y supe que tarde o temprano volvería a por él.