La primera vez de mi vecino con un hombre
Fui a arreglarle el lavarropas con una tanga roja debajo del pantalón. Solo tenía que encontrar el momento para que la notara. Él no dijo nada, pero se quedó a mirar.
Relatos de primeras experiencias inolvidables
Fui a arreglarle el lavarropas con una tanga roja debajo del pantalón. Solo tenía que encontrar el momento para que la notara. Él no dijo nada, pero se quedó a mirar.
Cuarenta y siete años siendo un hombre de mujeres. Hasta aquella noche en Mendoza, cuando Andrés cerró la puerta de mi suite y encendió un cigarrillo.
Cuando salí de la ducha, ella estaba ahí con lencería negra y esa sonrisa que hacía años no veía. Esa noche tenía un plan para mí que yo nunca hubiera imaginado pedir.
Llevaba semanas mirándolo cruzar el pasillo. Esa tarde me llamó a su despacho, y algo dentro de mí supo que algo iba a cambiar.
Pedaleé hacia el río con la sangre ya caliente, sabiendo lo que iba a hacer cuando nadie pudiera verme. Esa tarde, por fin, la fantasía sería real.
Lorenzo no sabía lo que quería hasta que me conoció. Yo sí lo sabía desde el primer día que lo vi en la empresa.
Me tendió la mano para saludarme y el corazón me dio un vuelco. Meses de charlas, de risas, de tensión acumulada. Solo faltaba saber qué haríamos con todo eso.
Nunca pensé que depilarme iba a cambiar algo. Pero cuando él me pasó la cera por los glúteos y me pidió que me pusiera en cuatro, algo en mí se encendió.
Me susurró al oído que esa noche era solo para chicas. Debería haberme ido. En cambio, algo en mí decidió quedarse.
Nunca había estado con una chica trans. Encontré su anuncio en un portal, llamé sin saber qué esperar, y el sábado subí tres pisos hacia algo sin nombre.
Con los ojos cerrados construyó cada detalle: las manos de alguien, sus labios, el peso de otro cuerpo sobre el suyo. Todavía no lo había vivido, pero ya lo necesitaba.
Me puse la ropa de Camila como una broma. Terminé en el departamento de un desconocido, sin saber cómo había llegado hasta ahí ni qué iba a pasar.
La llevé al médico porque nadie más pudo. En mi casa descubrió algo que su novio nunca le había dado y, cuando lo sintió, quiso mucho más.
Era su primera vez con un hombre, pero cuando Rodrigo le preguntó si lo quería hacer, no supo decir que no.