Lo que pasó después de mi clase de guitarra
Adrián me ofreció llevarme a casa con mi guitarra. Debí haberle dicho que no. Pero había algo en su manera de mirarme que no me dejó responder.
Relatos de primeras experiencias inolvidables
Adrián me ofreció llevarme a casa con mi guitarra. Debí haberle dicho que no. Pero había algo en su manera de mirarme que no me dejó responder.
Para el mundo éramos dos amigos en el bar. Solo yo sabía que llevaba un colaless negro debajo del jogger, y que él lo sabía también.
Llevaba años viendo cómo lo hacían en pantalla. La primera vez que toqué a una chica de verdad entendí que ningún video te prepara para esa sensación.
Llevábamos horas estudiando cuando el frío se hizo insoportable. Sofía me invitó a su cama para calentarnos. Ninguna esperaba lo que vino después.
Éramos dos mujeres en la misma cama, mi marido dormía en el suelo, y yo llevaba años preguntándome cómo sería rozar la piel de otra mujer.
Cuando ella me preguntó quién me gustaba más de los dos, yo llevaba veinte minutos mirándolos desde mi toalla con la boca seca.
Llevaba años esperándome y no lo supe hasta que ya era demasiado tarde. Cuando me lo confesó al final, entendí por qué todo había sido tan diferente.
Me maquillé durante veinte minutos, me puse la peluca castaña y abrí la puerta del hotel cuando llamó. Llevaba años esperando ese momento sin saber que lo esperaba.
Llevaba minifalda, botas y una sonrisa que prometía todo. Cuando cerré la puerta del motel, supe que esa noche iba a cambiarle la vida para siempre.
Eran las dos de la madrugada, era el aniversario de mi boda muerta, y yo llorando en el sofá. Marcos me rodeó con los brazos y dijo que no se iba a ningún lado.
Carmen me avisó que su prima Valeria quería aprender. Cuando abrí la puerta y la vi con esa falda y esos tacones, supe que aquella mañana iba a ser completamente distinta.
Me pidió que fuera despacio porque era su primera vez con una mujer. La tuve desnuda al borde de la piscina y sus gemidos se mezclaron con los grillos del verano.
Llevaba meses intercambiando correos con él, sin saber si me atrevería. El día llegó y subí al taxi con las manos temblando y las medias en la mochila.
Veinte años, cero experiencia y una prima que lo miraba como si supiera exactamente qué tenía en la cabeza. El verano iba a ser largo.
Tenía dieciocho años y ninguna experiencia. Ella tenía marido, una hija en mi clase y la habilidad de hacerme perder el sueño desde el primer día.
Era mi primera gran noche con ese cuerpo nuevo. Cuando el vestido cayó al suelo y todos me rodearon, supe que aquella cena no iba a terminar como ninguna otra.
Cuando me lo confesó, ya estábamos solos en la habitación. Su hermana me la había encargado por el día. Nadie imaginaba lo que iba a pasar entre nosotros.
Cuando quedé a solas con Marcos, el vecino de toda la vida, algo cambió entre nosotros. Se acercó despacio y me besó sin pedir permiso ni disculpas.
Daniela me metió un condón en el bolsillo antes de marcharse. Yo sabía que era virgen y que Marco también. Esa tarde iba a cambiar todo eso.
Nunca lo había hecho. Nunca había dejado entrar a nadie por ahí. Esa tarde en las cabinas, un desconocido con crema de manos lo cambió todo.