La confesión que empezó en mi sofá
Pensé que solo dormiríamos en el sofá, pero su mano encontró la mía en la oscuridad y ya ninguno quiso fingir que no pasaba nada.
Pensé que solo dormiríamos en el sofá, pero su mano encontró la mía en la oscuridad y ya ninguno quiso fingir que no pasaba nada.
Entré al cuarto convencida de que sería una cogida rápida para vengarme. Salí al amanecer sin recordar mi nombre.
Decía que quería llegar intacta al amor, pero cuando cerré el coche y la besé, abrió las piernas como si llevara días esperando ese momento.
Cuando tocó el timbre y preguntó si estaba solo, supe que no venía a hablar de clases ni de su novio.
Cruzó las piernas sabiendo que la miraba y su falda subió apenas lo justo. Cuando el aula quedó vacía, sonrió y me pidió que la ayudara a recoger la basura.
Yo fingía mirar la pantalla mientras él me abría el pantalón bajo su sudadera y me hacía temblar en la última fila.
Entré a su despacho para abrazarlo, pero cuando cerró la puerta y me miró de arriba abajo, supe que no iba a salir de ahí igual.
Desperté con ella recogiendo mi ropa, pero cuando se inclinó junto a la cama supe que esa mañana no iba a estudiar nada.
Esa madrugada, cuando la casa por fin quedó en silencio, ella entró en mi habitación y dejó claro que ninguna de las dos iba a dormir.
Dejó claro desde que se sentó a mi lado que no pensaba pagar con dinero, y cuando me pidió que parara en el parque entendí por qué.
Le pedí que llegara desnuda a la piscina y le dejé la puerta sin llave. Diez minutos después, la vi cruzar el patio con el pelo rojo brillando bajo la luz del agua.
Me pidieron dos cosas: reservar habitación y llevar condones XL. Cuando ella salió del baño, entendí para qué me había hecho cruzar media provincia.
Damián me pidió que me pusiera el plug antes de salir de fiesta. Yo no sabía que la verdadera noche empezaba cuando su mejor amigo se plantó frente a mí en la pista.
Fui a desahogarme a su casa como siempre, pero un beso impulsivo terminó con mi mejor amigo temblando frente a mí, listo para aprenderlo todo.
Me levanté en puntas de pie a espiar el murmullo del cuarto de al lado. Sobre la cama no estaba el padre de Camila. Estaba su madre, encima de otra mujer.
Acepté el primer billete pensando que solo sería una caricia, pero la puerta cerrada cambió todas mis reglas.
La vi sola al fondo de la barra, con la copa en la mano y una mirada que pedía exactamente lo mismo que yo esa noche.
Fui al shopping a buscar un traje nuevo. Terminé masturbándome en el vestidor y cara a cara con una villana que me dejó inmóvil justo cuando más me hervía la sangre.
Cuando me invitó a cenar aún no sabía que iba a acabar desnuda en su sofá, con su boca entre mis piernas, descubriendo lo que llevaba años negándome.
El borracho salió corriendo en cuanto vio el uniforme, pero ella no se separó ni un centímetro. Entendí que la madrugada iba a ser larga.