Las noches que quisiera olvidar de mi vida como escort
Hay clientes que pagan y creen que eso les da derechos sobre tu cuerpo. Esto es lo que viví durante meses como escort y por qué lo dejé.
Hay clientes que pagan y creen que eso les da derechos sobre tu cuerpo. Esto es lo que viví durante meses como escort y por qué lo dejé.
Sergio se fue y Marcos me llevó a la piscina. Había algo en su mirada que no era para Sofía. Era para mí, y yo no debí dejar que fuera así.
Habíamos hablado de esto durante meses, como una fantasía. Esa noche dejó de ser fantasía. Y yo, sentado en esa silla, no pude apartar los ojos ni un segundo.
Valentina se puso el vestido negro a medianoche. Dos desconocidos llamaron al timbre. Marcos sabía lo que iba a pasar y, aun así, abrió la puerta.
Desperté con las manos atadas en una habitación a oscuras. No recordaba cómo había llegado. Sí sabía que estaba investigando a las personas equivocadas.
Rodrigo la ignoró en cada reunión. Lo que nunca imaginó es que Isabel ya había hablado con Diana y que en pocas horas él estaría en la casa.
Subí convencida de que tenía el control. Cuarenta minutos después entendí que el único que ponía las reglas en esa carretera era él.
El día que Clara entró en mi casa sin avisar, comprendí que el único espacio limpio que me quedaba ya no me pertenecía.
Rodrigo colgaba del Pilar al borde del colapso. Valeria no podía desafiar a la Reina, pero tampoco iba a dejar morir a un hombre sano por negligencia.
Cuando la invité a mi departamento creí que tendría el control. Su mirada cambió en cuanto cerré la puerta y supe que me había equivocado.
Llevaba tres semanas encerrado en la jaula cuando Valeria decidió invitar a sus amigas a cenar. Yo sería el espectáculo.
Solo era un ejercicio de rehabilitación, pero cuando Sofía apoyó sus caderas contra mis piernas y tiró de mis brazos, supe que algo iba a salir mal.
Estaba atada a la mesa cuando él se arrodilló frente a mí. No era la primera vez que pedía algo así, pero tres hombres era un nivel diferente.
Cuando mi tía Amparo abrió la puerta del baño de golpe y me encontró espiándola, supe que mi secreto más oscuro había quedado al descubierto.
Lo que empezó como un juego compartido se convirtió en algo que ninguno habíamos previsto: un hombre que llegó como invitado y se quedó con todo.
Rodrigo gateaba detrás de sus tacones por los pasillos del castillo, desnudo y con el collar apretándole la garganta. Ese era el desayuno de la reina.
Valentina sonreía desde el primer momento como quien ya sabe cómo termina la historia. Marcos lo entendió cuando ella se bajó la ropa interior.
Llevaba años con ese cajón cerrado con llave. Esa mañana lo encontré abierto, y dentro había un disco negro con el nombre de Sofía escrito en rotulador.
Las palomitas se enfriaron pronto. Rodrigo fingía ver la película pero yo sabía que solo tenía ojos para lo que mis manos le hacían a mi novia bajo la manta.
Valentina reconoció a los tres hombres del comedor: los había saludado en fiestas de empresa. Esta noche, Rodrigo los había traído por otro motivo.