La fantasía que empezó con una venda
Apenas cerré la puerta de casa, él ya me estaba dando la vuelta, vendándome los ojos y ordenándome obedecer sin hacer una sola pregunta.
Apenas cerré la puerta de casa, él ya me estaba dando la vuelta, vendándome los ojos y ordenándome obedecer sin hacer una sola pregunta.
Después de aquella primera mamada en el coche, supe que con él no iba a conocer un romance tranquilo, sino una obsesión cada vez más caliente.