Mi hija me confesó la fantasía que tenían con mi nombre
Las paredes de la casa eran demasiado finas, y aquella madrugada escuché a mi hija pedirle a su marido que fantaseara conmigo. Lo que pasó después lo cambió todo.
Las paredes de la casa eran demasiado finas, y aquella madrugada escuché a mi hija pedirle a su marido que fantaseara conmigo. Lo que pasó después lo cambió todo.
Vomité sobre el vestido de Mariana en plena fiesta. Cuando entró a ducharse, mis pies se movieron solos por el pasillo. Y descubrí algo de mí que llevaba años escondido.
Mateo me hizo un gesto con la cabeza y subió las escaleras. Yo lo seguí sin pensarlo, sabiendo que su novia era mi mejor amiga y que ya nada podía detenernos.
Bajé por agua a las dos de la madrugada y la luz azul del televisor me detuvo en seco. Mi hijo estaba en el sofá, y yo no pude apartar la mirada.
Bajé la luz del salón para que ella no me viera, pero cuando la sábana empezó a moverse bajo su cadera supe que esa noche no iba a dormir.
Cuando descubrí al vecino asomado tras la medianera, no me cubrí. Bajé el corpiño bajo la ducha del patio y dejé que viera todo lo que quisiera.
Cuando levanté la mirada del sofá, Bruno y Damián estaban frente a mí con las pollas fuera. No alcancé a llegar a la puerta.
Eran las siete de la mañana, acababa de romper con mi novia por mensaje y la vecina seguía boca abajo en mi cama. No pensaba desperdiciar la mañana.
Mi novio le decía «Bigotín» al electricista que arreglaba el cableado. Esa tarde, cuando todos salieron, fui yo la que le pidió perdón en el living.
Llevaba semanas sin noticias suyas desde que descubrió lo que pasó entre mi madrastra y yo. Cuando cruzó la puerta esa tarde, traía una maleta y una mirada indescifrable.
Cuando me señaló entre la marea de gente, supe que esa noche iba a romper algo que llevaba años intentando mantener intacto.
Le pasé el dedo por la espalda y supe que iba a temblar. Mi prima nunca había besado a una mujer, pero esa noche en la aldea iba a aprender todo.
Habían pasado tres años desde la última vez. Cuando se acostó de espaldas mostrándome ese culo enorme bajo el bóxer, supe que no iba a aguantar la noche entera mirando videos.
Pensaba estudiar tranquila para el examen del jueves. Pero un sonido detrás de la puerta entornada del estudio de papá me clavó al pasillo.
Contó hasta diez antes de empujar la puerta del baño. El vapor lo cubría todo y, por primera vez, decidió no huir de lo que sentía por ella.
Subí la escalera con la mochila vacía y el short corto. Él me esperaba en el entrepiso, sabiendo desde el principio que esa pizza nunca había existido.
Cuando mi jefe propuso subir a su departamento a seguir la fiesta, mi esposa dudó. Pero la curiosidad y el alcohol pesaban más que la prudencia esa noche.
Llegué a su departamento convencido de que iba a penetrarlo. Salí descubriendo que lo que mi cuerpo siempre había buscado era todo lo contrario.
Salimos de fiesta como siempre. Volvimos al hotel cansadas. Nunca imaginé que esa noche descubriría con otra mujer un placer que jamás había sentido con un hombre.
La vi salir del coche para sacudirse las migas de la falda y, sin saberlo, supe en ese instante que aún nos quedaban muchos kilómetros y muy pocas excusas.