Me vestí de mujer para el albañil y su aprendiz
Apenas el maestro salió del cuarto, escuché otros pasos en el pasillo. El que tocaba la puerta no era él: era el muchacho que esperaba su turno conmigo.
Apenas el maestro salió del cuarto, escuché otros pasos en el pasillo. El que tocaba la puerta no era él: era el muchacho que esperaba su turno conmigo.
Le habían hablado de un negocio con un catálogo enorme, donde podías elegir a la persona exacta que querías poseer. Adriano cruzó la puerta sin un solo nervio.
«Esta noche cumplís tu promesa», decía el mensaje. Bajé duchado y temblando, sabiendo que entre Brisa y Mateo iban a llevarme más allá de cualquier límite que hubiera imaginado.
Siempre creí que conocía a mi hermano. Hasta la noche en que entré a su cuarto, vi lo que ocultaba en la pantalla y entendí que nada volvería a ser igual entre nosotros.
El arcón negro espera en el centro del salón como un ataúd de plástico. Cuando la cremallera de la máscara sube por su nuca, Tomás deja de ser un hombre y empieza a ser una cosa.
Tú querías jugar a mandar y a obedecer. Lo que no calculaste fue que, cuando me soltaras las esposas, yo ya no iba a ser el mismo hombre que habías atado.
Volvió a casa con el pelo teñido y una sonrisa enorme. No imaginó que esa pequeña rebelión le costaría la noche más larga de su vida.
El cartel decía que abría cuando el resto del mundo dormía. Empujó la puerta sin imaginar que, del otro lado, una desconocida ya había decidido cómo terminaría su madrugada.
Cuando bajé a la biblioteca esa tarde no sabía que mi madrastra y su imponente socia ya habían decidido qué clase de hombre iban a hacer de mí.
Bajó las escaleras convencida de que nadie sabía nada. El hombre del playón la esperaba con una sonrisa torcida y una foto que lo cambiaba todo.
Bianca montaba en bici conmigo cada sábado y me provocaba en cada parada. Lo que ninguno confesó es que mi mujer ya conocía el juego desde el principio.
Cuando Damián cerró la puerta y se fue de viaje, Mariela ya sabía que la semana entera a solas con Rodrigo iba a cambiarlo todo entre ellos.
Él llegó antes de lo previsto, con cervezas frías y ganas de sorprenderla. Ella le contestó desde el baño con la voz quebrada, incapaz de explicarle por qué tardaba tanto.
La primera tarde, un animador del hotel le ofreció un trago mirándole el escote. Bianca cruzó las piernas, se mordió el labio, y supe que ese viaje no iba a ser lo que yo había planeado.
Se quedó en el ala ejecutiva porque sabía que ella seguiría allí, repasando cifras. Lo que vino después no figuraba en ningún informe de la empresa.
Sabía exactamente lo que quería esa noche: un hombre que la mirara como suya y no le diera tregua. Solo tenía que cruzar la puerta de aquella habitación.
Todos sospechan lo que soy por cómo me visto, pero yo nunca lo confirmo. Es mi secreto, y contarlo desde el anonimato me pone más caliente que cualquier otra cosa.
Salió de la ducha con la toalla a la cintura, como cada tarde. Pero esa mirada de su vecino no era la de siempre, y lo supo antes de que abriera la boca.
Lo esperó en el descansillo sin saber muy bien qué hacía allí. Solo sabía que, después de la noche anterior, ya no podía fingir que aquello había sido un accidente.
La camisa seguía tirada en el rincón, justo donde la había dejado. Cuando Iván cruzó la puerta supo, por la forma en que su amo lo miraba, que esta vez no se iba a librar tan fácil.