Atada y vendada: la fantasía que él me preparó
Sobre la cama había un conjunto de látex negro y unos tacones en mi talla. Esa noche, Rodrigo no me explicaría nada. Solo me ataría y lo que vendría después cambiaría todo.
Sobre la cama había un conjunto de látex negro y unos tacones en mi talla. Esa noche, Rodrigo no me explicaría nada. Solo me ataría y lo que vendría después cambiaría todo.
Crucé el pasillo a oscuras esperando darle un abrazo y terminé pegado a la rendija de su cuarto, viendo lo que dos mujeres maduras habían preparado.
Llevaba tres semanas en el cajón, sin abrir. Esa noche de jueves, con el piso para mí sola, decidí que ya no había más excusas.
Llegó con su mochila al hombro y se encerró en el baño. Cuando salió, la sonrisa ya prometía que esa noche iba a desordenarme la vida entera.
Cuando ella entró desnuda al agua caliente y me miró sin pudor, supe que esa noche en Tokio no tenía nada que ver con la reunión del día siguiente.
Dos copas de vino, su pregunta inesperada y yo contándole mi primera vez con otro hombre mientras él me escuchaba con una atención que pronto se convirtió en algo más.
Llevaba una semana entera contando las horas. Cuando lo vi cruzar las puertas del aeropuerto, supe que esa noche no iba a ser como las demás.
Todo empezó la noche en que descubrí que mi madre llevaba meses acostándose con el hombre del que yo estaba enamorada.
Bajé a ayudarlo vestida con lo que tenía puesto. No había calculado lo que pasaría cuando me senté a su lado en ese cuarto.
Cuando llegué al apartamento solo esperaba fotos. No sabía que en ese cuarto me esperaban dos hermanos con una propuesta muy diferente.
Cuando llegó su mensaje al celular, llevaba horas ardiendo de deseo. Me puse la lencería, los tacones y esperé. Esa noche no iba a dormir sola.
Le mandé un mensaje a la actriz más famosa del mundo después del partido. No esperaba respuesta. La tuve, y cambió todo lo que creía saber de mí.
La primera vez que vi a Valeria con otro hombre, estaba al otro lado de un cristal. Debería haber sentido rabia. Solo sentí que no podía apartar los ojos.
Cuando sus ojos se clavaron en los míos y señaló el suelo, entendí que esa noche el ritual sería distinto. Más intenso. Más íntimo.
Cuando entré al salón, ella estaba sentada en el sofá con esa sonrisa que ya no engañaba a nadie. Y arriba, en la escalera, alguien escuchaba en silencio.
Cuando Marco le dijo que tenía una sorpresa, Carmela eligió su vestido verde. No esperaba encontrarse con los ojos oscuros de Diego clavados en ella.
Me quedé parada frente a la puerta sin abrirla. Entonces oí sus pasos. Lo que pasó después duró más de lo que habría imaginado.
Tenías el micrófono abierto y tus amigos al otro lado. Yo me arrodillé igual. No podías hacer nada más que aguantar en silencio.
Cuando abrí la puerta y la vi con esa sonrisa, supe que iba a ser una noche distinta. Valeria nunca perdía el humor, sin importar lo que le pidiera.
Cuando la destinaron a mi camarote, pensé que sería incómodo. No imaginé que acabaría contando las horas para que volviera a la litera de al lado.