El club al que mi novia me pidió ir esa noche
La idea fue suya: probar algo nuevo para reavivar la pareja. Cuando vi cómo lo miraba desde el fondo del salón, supe que esa noche yo ya había perdido.
Historias de pasion prohibida y aventuras secretas
La idea fue suya: probar algo nuevo para reavivar la pareja. Cuando vi cómo lo miraba desde el fondo del salón, supe que esa noche yo ya había perdido.
Abrió la puerta en camisón blanco, descalza. Mi novia dormía en la otra habitación y mi mejor amigo seguía en la terraza. Yo no atiné a moverme.
Le dije a mi novio que solo bailaría con las chicas, pero cuando vi ese nombre en la pantalla, mi cuerpo decidió por mí antes de que mi cabeza pudiera detenerlo.
Aquella tarde junto a la piscina, los pechos desnudos de su cuñada le encendieron una llama que ya no podría apagar antes del amanecer.
Llevábamos años de matrimonio cuando me confesó que su mayor fantasía no era con otro hombre. Era conmigo y otra mujer. Y tenía a la candidata perfecta esperando.
Esa tarde junto a la piscina, ella se quitó la parte superior del bikini y todo cambió entre ellos. La tensión que llevaban días ignorando ya no tenía vuelta atrás.
Diego sabía exactamente qué botón tocar. Dos años sin verlo, un mensaje a la una de la mañana, y yo ya estaba en un taxi cruzando la ciudad.
El coche de Roberto desapareció tras la curva y Sofía miró a Raquel. Tenían tres horas, dos hombres esperando y un plan que parecía infalible.
Rodrigo la miró sin disimulo junto a los baños termales. Sofía tenía los ojos cerrados y el cuello largo expuesto al sol. Claudia lo vio y no dijo nada.
Sofía cruzó la sala con el condón en la mano. Marcos se quedó paralizado, sin saber si lo que sentía era celos, dolor o algo que le daba vergüenza reconocer.
Doblaba ropa en el sofá cuando él apareció con la cerveza en la mano y esa sonrisa que no debería haberle devuelto. Y aun así, no apartó la mirada.
Guardé sus números en el cajón y supe que no los llamaría. Pero también supe que mi marido nunca volvería a tocarme como antes de aquella noche en alta mar.
Cuando Esteban subió primero esa noche, Carolina me miró desde la puerta esperando mi aprobación. Sabía que iba a verla con otro y era exactamente lo que quería.
Le pregunté inocentemente si había sido su mejor amante. Su risa fue la primera señal de que no debía haber abierto la boca aquella madrugada.
Llevaba meses mintiendo a Mateo y, cuando entendió que lo sabía todo, no me derrumbé. Me puse el vestido azul, salí de casa y crucé la ciudad para encontrarme con Adrián.
Sonó el timbre a las siete y media y supe que mi matrimonio acababa de cambiar para siempre. Ella bajó las escaleras sin sujetador, los miró y sonrió.
Me asomé por la persiana sin hacer ruido. Lo que vi me dejó sin aire: mi marido no estaba solo, y la mujer que tenía debajo me era demasiado conocida.
Pensé que no había caída peor que aceptar que él me llevara a casa. Hasta que cerró la puerta del departamento y yo dejé el bolso en el sofá.
Cuando sonó el timbre a las nueve y media, supe que esa noche con mis compañeros no terminaba ahí. Entraron dos hombres y mi amante les hizo una propuesta que me dejó muda.
Llevaba media vida con la misma mujer cuando aquella desconocida del estampado de leopardo se sentó a mi lado y me miró como hacía años nadie me miraba.