Mi esposo planeó una noche con dos hombres para mí
Mariana se ajustó los tirantes frente al espejo mientras Esteban sonreía desde el sofá. Esa noche había invitado a alguien más, y no pensaba decírselo todavía.
Relatos de encuentros grupales y placeres compartidos
Mariana se ajustó los tirantes frente al espejo mientras Esteban sonreía desde el sofá. Esa noche había invitado a alguien más, y no pensaba decírselo todavía.
Llevábamos meses con nuestro juego secreto, pero cuando Bruno cerró la puerta del hotel y Tomás se sentó a mirar, entendí que esa noche ya no había marcha atrás.
Tres sillas en medio del salón, cuatro mujeres dando vueltas y la música a punto de parar: la que se quedara de pie esa ronda, se quedaba sin nada.
Empezó como un juego de palabras en la cama. Terminó conmigo subiendo al coche de otro hombre, mientras mi marido esperaba dentro del casino sabiéndolo todo.
Llegué a esa cena pensando en una copa de vino y una escapada al campo después. Terminé arrodillada frente a un desconocido mientras mi amante miraba.
Después de tantos años, una conversación sincera tras la cena bastó para que las dos parejas cruzáramos la línea que siempre habíamos rodeado sin atrevernos.
Bajé la voz para contarle cómo un austríaco me fotografió desnuda en la playa, sin imaginar que esa historia nos empujaría a vivir lo mismo las dos juntas.
Estábamos despeinadas y sin maquillaje cuando Daniela me recordó aquella vez. No imaginé que, antes del anochecer, ellos nos estarían mirando desde la puerta entreabierta.
Le dije a mi marido que solo íbamos a tomar unos tragos con otra pareja. En realidad llevaba toda la semana planeando lo que terminaría pasando en ese departamento.
Abrí la puerta de la habitación y lo primero que oí fue un gemido largo y el golpe de una cama contra la pared. No estábamos solos, y ninguno quiso frenar.
Sabía que aquel viaje cambiaría algo entre nosotros, pero jamás imaginé hasta dónde llegaría mi mujer cuando otro hombre empezó a darle órdenes.
Eran recién casados y nos pidieron que les mostráramos lo que sabíamos. Mi marido y yo nos miramos: aquella noche iba a ser muy larga.
Éramos dos novias que viajaban a desconectar y terminamos en la cama de dos desconocidos. Ninguna de las cuatro manos sabía ya de quién era cada cuerpo.
Llevaba un mes diciéndome que su marido fantaseaba con verla con otro. Esa noche dejé de escucharla hablar y la llevé donde todo podía pasar de verdad.
Acepté la cena sabiendo cómo terminaría. Lo que él no sabía era que cada caricia en la penumbra formaba parte de un plan que tracé antes de desnudarme.
Me fui enfadado a la cama por una tontería. Quince minutos después me desperté, escuché ruidos en el salón y lo que vi cambió todo entre las dos parejas.
Durante años lo mencionábamos entre risas y copas, sin atrevernos. Esa noche alguien escribió nuestros nombres en papelitos y todos dejamos de hablar.
Cuando Marina se quitó la última prenda dentro del agua tibia, los cuatro supimos que esa noche nadie iba a dormir en su propio lado de la cama.
La secretaria me desabotonó la blusa antes de entrar al despacho. Supe enseguida que esa reunión con el director no se parecería a ninguna otra.
Cuando Lucía cruzó la sala y se sentó en las rodillas de él sin mirarme, supe que esa noche yo solo iba a mirar, y que era exactamente lo que ambos queríamos.