Seis hombres esperaban en aquella casa de las afueras
Rodrigo me dijo que serían seis. Yo me levanté y me fui. Nueve días después le devolví la llamada para decirle que había pensado y que sí.
Rodrigo me dijo que serían seis. Yo me levanté y me fui. Nueve días después le devolví la llamada para decirle que había pensado y que sí.
Cuando pasé por el paradero, Don Rodrigo me vio desde el bus. Lo que empezó como unas cervezas de cumpleaños terminó de una forma que no esperaba.
Carmen dormía al sol desnuda mientras yo tomaba la peor y mejor decisión de mi vida. Cuando despertó y vio el estado en que estaba, no reaccionó como esperaba.
Una pelirroja bailaba descalza en la cala vacía mientras su novio cambiaba la canción. Dos socios casados cruzaron una mirada y supieron que esa noche habría peaje.
Entré al juego para hacer amigos. Me quedé porque ahí había hombres que querían lo mismo que yo: algo real, sin nombre y sin futuro.
El desconocido del vagón metió la mano bajo su falda sin preguntar. Valeria no se apartó. Solo podía pensar en que ojalá fuera su hijo Marcos el que la tocara así.
Sabía que no era sensato. Rodeé el puente de todos modos, bajé por el paredón y lo encontré durmiendo exactamente donde lo había dejado.
Cuando salí del probador con esa minifalda diminuta, mi marido ya le había explicado las reglas al encargado. Solo me quedaba salir y dejarme mirar.
Era famosa, perfecta y cincuentona. Yo era el delantero del momento. Esa noche subí a su suite y entendí lo que es jugar fuera de tu liga.
Cuando el guía enmascarado me separó de Mateo en aquella hacienda colonial, supe que la fantasía que habíamos susurrado en la oscuridad estaba a punto de volverse carne.
Llevaba treinta años planchando camisas y fingiendo orgasmos. Hasta que un camarero joven en Alicante me devolvió el cuerpo que yo misma había olvidado.
Hay mañanas en que el cuerpo me gana antes que la mente. Las sábanas húmedas, las caderas moviéndose solas, y entonces te invento a ti: un desconocido que me rompe entera.
Era la primera vez que iba a la base de transporte a buscarlo. Lo que no sabía es que Rodrigo ya me estaba esperando con una sonrisa que no era inocente.
Mis padres no estaban. La tarde era larga y el deseo, insoportable. Cuando el nombre 'Valeria_sola' apareció en la lista, algo me dijo que esa tarde sería diferente.
Cuando Nicolás giró la cabeza y los vio, su cara lo dijo todo. Raquel dejó que la mirara un segundo más antes de levantarse y caminar hacia él.
Me arrodillé entre los arbustos, con las medias rotas y las rodillas en la tierra. Me pidió que ladrara. Y lo hice. Lo que eso me dijo de mí misma fue lo más revelador de la noche.
Era la primera vez en años que decidí ir a por lo que quería sin pensar demasiado. Supe que iba a follármelo antes de que se girara hacia mí.
Me pregunto si algo falla en mí. Estoy dentro de ella y mi mente ya se fue: otro hombre, haciéndola gemir de una forma que yo nunca he logrado.
Cuando le confesé mi fantasía a las tres de la mañana, pensé que era solo charla de cama. Dos semanas más tarde, me estacionó frente a un motel sin avisar y todo cambió.
Pedí el taxi al salir de la última reunión. El conductor me miró por el espejo con esos ojos oscuros y supe que la noche aún no había terminado.