La bestia me bautizó con un nombre de mujer
Me miró de arriba abajo en el umbral, bajo la lluvia, y antes de dejarme pasar pronunció un nombre que nunca había sido mío. Esa noche aprendí a responder a él.
Me miró de arriba abajo en el umbral, bajo la lluvia, y antes de dejarme pasar pronunció un nombre que nunca había sido mío. Esa noche aprendí a responder a él.
Cuando bajó por otro batido, la persona que le devolvió el espejo ya no se llamaba como él. Y, por primera vez, le gustó lo que vio.
Cada domingo, cuando ella salía, yo abría su armario y me convertía en otra persona frente al espejo. Aquella tarde olvidó las llaves y volvió antes de tiempo.
La primera vez apenas dolió; esta vez yo me subí encima y marqué el ritmo, decidida a demostrarle todo lo que había aprendido a sentir.
Regresé a casa de mis padres con la maleta llena de ropa de chico y el cuerpo cambiando bajo las hormonas. No imaginé que mi primo notaría todo.
Lo toqué solo un instante y la suavidad del encaje despertó algo dormido. Esa noche soñé que me lo ponía, y supe que tarde o temprano volvería a por él.