El poeta anónimo que me leía por dentro
Cuando leí su primer poema sentí que alguien había entrado en mi cabeza sin permiso. Lo peor fue darme cuenta de que quería que volviera a hacerlo.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
Cuando leí su primer poema sentí que alguien había entrado en mi cabeza sin permiso. Lo peor fue darme cuenta de que quería que volviera a hacerlo.
Teníamos una semana para preparar el disfraz más atrevido. Yo llegué con minifalda y medias. Ella abrió la puerta de su cuarto sin una sola prenda encima.
Me dije que solo pasaba cerca del parque por el camino más corto. Pero cuando sus ojos me siguieron y su mano rozó mi cadera, ya no pude seguir mintiendo.
Llegué solo por curiosidad, prometiéndome que sería una copa y ya. Pero cuando la puerta se abrió antes de que tocara, entendí que él llevaba horas esperándome.
Me dijo que reservara el sábado. Sin detalles. Cuando llegué a su departamento y vi el traje de látex sobre la cama, entendí que la noche sería diferente.
Empezó como cualquier siesta de verano: el ventilador girando, el calor pegado a la piel, y yo con demasiado tiempo y demasiados pensamientos.
Cerré las cortinas, apagué la luz y supe que esa noche nadie iba a frenarme. Iba a llevar mi cuerpo hasta donde nunca antes me había animado a llegar.
Conduje sesenta kilómetros para encontrar el silencio. Lo que no esperaba era una habitación que parecía diseñada exactamente para mis fantasías más privadas.
Empezó con una historia que leí a medianoche. Después vinieron los mensajes, las confesiones a oscuras y una voz al otro lado que sabía exactamente qué decirme.
Me senté en el suelo con su foto y unas velas. Cuando abrí los ojos, era ella: su voz, su cuerpo, su camerino detrás del escenario.
Cuando entré a su apartamento, el aroma a café recién hecho era lo único inocente que quedaba en ese lugar. Supe que no saldría igual.
Me prometí esperar. Que cuanto más me lo negara, más intenso sería. Pero el cuerpo tiene sus propias razones y esa noche no estaba dispuesto a ceder.
Sé que estoy soñando, pero el calor de sus manos en mi piel es demasiado real para ignorarlo. Y no quiero despertar todavía.
Cuando lo llamé para arreglar la chimenea, yo ya sabía que algo iba a pasar. Me lo dijo el calor en el pecho cada vez que sus ojos se detenían en mí.
Despues de meses separados, una noche basto para recordar por que nunca habia dejado de desearlo.
Sus mensajes llegaban siempre a la misma hora, cuando sabía que estaba solo. Cada palabra encendía una imagen que no podía quitarme de la cabeza.
Cuando Iván cruzó la puerta de la habitación, supe que no había vuelta atrás. Mi marido me sostenía por la cintura y me preguntó si seguía queriendo esto.
Llevaba meses mirando el rincón oscuro de su dormitorio. La muñeca equivocada que le mandaron era lo más parecido a una compañía que había tenido en años.
Cuando abrió la caja equivocada, supo que era un error. Pero cuando ella entró al consultorio, pequeña y asustada, la muñeca y la mujer se volvieron lo mismo.
Me miré al espejo y la cara que vi no era la mía. Era la suya. Y dentro de ese cuerpo ajeno, algo empezó a despertar que no debería haber despertado.