Volví sin ducharme y él terminó por rogar
Volví a casa sin ducharme, con la ropa del día anterior y el olor de otro hombre en la piel. Marcos lo supo antes de que yo dijera nada.
Historias de dominacion, sumision y juegos de poder
Volví a casa sin ducharme, con la ropa del día anterior y el olor de otro hombre en la piel. Marcos lo supo antes de que yo dijera nada.
Intentó escabullirse hacia la puerta, pero la chica bajita se interpuso con los brazos cruzados. Ya no había salida posible para él.
Ella se sentó en el banco y me extendió los pies sin decir una palabra. Solo sus ojos hablaban, y lo que decían no dejaba opción alguna.
Cuando él me susurró su fantasía al oído, no imaginé que tres semanas después estaría desnuda en una sala aséptica, esperando a que ocho hombres cruzaran la puerta.
Cuando Dimitri me llamó para que mirara cómo mi madre le servía de rodillas, algo en mí se rompió para siempre. O quizás nació.
Lo habían planeado durante semanas. La sala oscura, las cuerdas, y Vera esperándolas con esa sonrisa que no prometía nada bueno ni nada fácil.
Marco llevaba un año besando sus pies en silencio. La noche que salió para capturar a una rival, volvió como el único amo de la mansión.
Cuatro semanas de pruebas de sumisión y ahora la final: resistir más que la otra pareja. Sofía no pensaba pronunciar la palabra de seguridad, cueste lo que cueste.
Entró con un grupo, intentó llevarse un set de lencería negra y acabó devolviendo mucho más de lo que robó. Sus ojos azules me lo dijeron todo desde el primer segundo.
Cuando Vera me miró esa noche, supe que algo en mí estaba a punto de romperse. No de miedo, sino de un deseo que nunca había querido reconocer.
Sebastián traía visitas para que yo jugara. El juego siempre fue mío. Hasta que Diego cruzó la puerta con esa calma que no promete nada bueno.
Llevábamos veinte años hablando por Discord. Cuando por fin quedamos, ella llegó con un vestido de látex y algo en el bolso que cambió todo.
Me puse las zapatillas ya usadas y las medias gruesas, lista para un día entero de turismo. Él no sabía que cada paso era un regalo preparado para él.
Me quité el tacón despacio, sin apartar los ojos de él, y empecé a subir por su pierna. Quería ver exactamente cuándo dejaría de fingir que todo era normal.
Nadia y Sofía volvían del evento más grande del año cuando la oscuridad las reclamó. Al despertar, solo existían las cadenas y la voluntad de otro.
Cuando su sumisa me tapó la boca y la nariz, mi cuerpo gritó por aire. Pero algo más oscuro y prohibido despertó entre mis piernas, y ya no quise que parara.
Cuando Damián le susurró al oído que podía tenerme, algo en la mirada de Mateo cambió. La timidez desapareció y yo dejé de ser quien llevaba el juego.
El mensaje decía siete minutos para decidir. Sesenta y tres días para obedecer. Firmé sin releer y la persiana metálica cayó detrás de mí.
Antes de viajar le escribí un mensaje: esta noche mis pies son tuyos. Caminé diez kilómetros asegurándome de que lo estuvieran cuando entrara al hotel.
Llevaban dieciocho años hablándose solo por pantalla. La primera vez que se vieron en persona, ella sacó del bolso algo que no cabía en ningún manual de citas.